Por eso, ver a Diosdado intentando imitar a Chávez montando en su tarima a artistas de cuarta categoría es ya un atentado al pudor lo suficientemente grave como para tener los peores augurios sobre los «artistas» utilizados. Pero ver también a María Corina intentando imitar a todos los demás anteriores candidatos, con las mismas puestas en escena y ridiculeces, es casi una oda a la estupidez.
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